La reunión con los integrantes del Board y otros referentes continentanles de la región africana de la ACI permitió abordar distintos aspectos acerca de las repuestas cooperativas ante la pandemia Covid-19.

«Celebro esta iniciativa de la Alianza Cooperativa Internacional África, porque nos permite poner sobre la mesa algunas ideas y visiones no solamente para atravesar este duro momento si no para pensar en cómo vamos a salir.

El mundo entero se está haciendo esta pregunta y se están ensayando algunas respuestas. Lo cierto es que es preciso despejar el terreno en materia epidemiológica.

Podemos decir, basados en la experiencia que tenemos, que han quedado claras algunas cosas.

Entre ellas, podemos hoy ratificar que en momentos de crisis las cooperativas somos más resilientes que otro tipo de empresas.

Lo que estamos viendo desde la ACI en todas nuestras regiones es que las cooperativas están logrando cuidar los puestos de trabajo, en un mercado laboral que se destruye por efecto del freno inédito de las economías nacionales y de la economía global.

Que siguen brindando servicios esenciales, aun cuando muchas familias ya no pueden pagar por esos servicios.

Que están asegurando la conectividad para que el aislamiento físico no se traduzca en una imposibilidad de comunicarse con los seres queridos; para que los niños y jóvenes sigan educándose; para consumir productos culturales que ayuden a sobrellevar el confinamiento.

Que están produciendo alimentos en el área rural e insumos clave para el rubro de la salud en las ciudades.

Que están refinanciando sus créditos o lanzando nuevas líneas de financiamiento para mantener el consumo básico de las familias y para que la producción no se frene por completo.

Esto lo están haciendo, como decía, en un contexto de fuerte destrucción de puestos de trabajo en el mercado laboral, pero también en medio de la incapacidad de asegurar alimentos y otros bienes a toda la población por parte de las grandes cadenas de consumo; de falta de servicios esenciales en muchos lugares y de una lógica de comunicación a nivel general cada vez más atada a profundizar los temores y los odios sociales, que a promover el cuidado de todos.

¿Qué están haciendo los Estados nacionales mientras tanto? Están volviendo a ocupar el centro de la escena. Muchos se habían retirado de sectores clave y habían dejado el campo de acción a merced del sector lucrativo. Esto tuvo efectos devastadores, sobre todo en el ámbito de la salud, por ejemplo. 

También vemos, como ocurrió hace poco más de diez años, que los recursos públicos son puestos a disposición de grandes firmas para evitar su quiebra, tanto en países poderosos como en países dependientes.

Bienvenido si esto sirve para evitar más sangría de puestos de trabajo. Pero lo que se está revelando, una vez más y hoy en particular con una fuerza tan inédita como esta pandemia que nos atraviesa a nivel planetario, es que el mundo no puede superar sus grandes crisis si no es con cooperación.

Digo grandes crisis porque, cuando salgamos de esta pandemia, seguramente se habrán agravado las desigualdades sociales, probablemente se habrán exacerbado aún más los conflictos étnicos y las tensiones globales, y seguiremos sufriendo los efectos de nuestra constante agresión a la naturaleza.

Respecto de este último punto, no por casualidad hemos elegido la acción por el clima como tema para celebrar el próximo mes nuestro Día Internacional de las Cooperativas.

Somos conscientes de que un ritmo desenfrenado de producción y consumo, atado a la lógica de la ganancia permanente, nos lleva a un callejón sin salida a escala global.  

Incluso en medio de este desastre sanitario que estamos viviendo, pudimos ver cómo la Naturaleza recupera su brillo, sus colores y su encanto cuando la actividad humana se retira parcialmente.

Entonces, las cooperativas somos resilientes, seguimos estando junto a nuestras comunidades aún en los peores momentos y podemos generar herramientas innovadoras para reactivar las economías y cuidar el ambiente.

Necesitamos que los líderes de cada país nos vean como aliados estratégicos para superar esta crisis y para construir sociedades más justas e inclusivas de acá en adelante.

No podemos volver a una normalidad que excluye a millones de personas de una vida digna, recortando el acceso a sus derechos y no podemos volver a una normalidad que se reproduce en base a la depredación de los recursos naturales.

No podemos volver a una normalidad impuesta por un grupo reducido de personas que concentran la riqueza mundial y hacen girar nuestras economías en torno de la especulación financiera y la destrucción de las capacidades instaladas de cada país, de cada pueblo o de cada ciudad donde vivimos.

Las cooperativas tenemos otra mirada, otra trayectoria y otra propuesta. Partimos desde lo local, donde nos encontramos a partir de necesidades comunes, debatimos y elegimos democráticamente el camino a seguir.

Estamos arraigadas en nuestros territorios, somos la expresión de la identidad pero también de la diversidad que hay en cada comunidad, y construimos una economía basada en relaciones recíprocas y con un objetivo claro: a nadie le puede faltar alimentos, a nadie le puede faltar una vivienda, a nadie le puede faltar agua, luz o gas en su hogar, a nadie le puede faltar un recurso económico si lo necesita para producir y servir a otros. A nadie le puede faltar educación o salud.

Es la vida y es la economía. Es una economía al servicio de la vida. En esto también debemos ser claros.

Es momento de salvar la mayor cantidad de vidas posibles y también de salvar a las economías, pero no a cualquier costo.

Para eso hace falta poner nuestros valores y principios en acción. Entender y hacer entender a otros actores económicos, sociales y políticos que de la crisis se sale cooperando. 

Este es un trabajo que tenemos que hacer en cada localidad, como dije antes, pero que indefectiblemente tenemos que potenciar a través de nuestras organizaciones de integración. Tanto a nivel nacional, como regional y, por supuesto, a escala global.

Por eso valoro nuevamente esta iniciativa de la oficina y del Consejo Regional de África, que nos permite incorporar toda la experiencia y el potencial de las cooperativas de este continente a la visión que estamos elaborando desde la ACI para la post-pandemia.

En estas semanas hemos estado recogiendo las noticias que nuestros miembros han estado compartiendo en una plataforma colaborativa, llamada Loomio, a la que pueden seguir accediendo a través de la web ica.coop.

Y estamos todos trabajando a distancia, los directores del board, de las regiones, de los sectores, las redes y todas las oficinas. Entendiendo que tenemos que seguir encontrándonos, compartiendo nuestras inquietudes y propuestas y consensuando, como lo hemos hecho siempre, las estrategias que creamos más adecuadas para que la identidad cooperativa se visibilice y se traduzca en aportes concretos ahora y en la próxima etapa en cada país, en cada continente, y en el mundo entero.

La tarea, como dije, parte desde lo local, desde cada cooperativa, pero necesitamos poner todo ese potencial en instancias como estas, que ahora estamos llevando adelante y que también están desarrollando las otras regiones de la ACI, para poder unificar una voz a nivel global.

Estamos atravesando un momento crucial como humanidad, convencidos de que nadie se salva solo y de que la cooperación es el camino para superar esta pandemia, pero también para revertir las desigualdades sociales y para frenar los desastres naturales que sufrimos en momentos de una mal llamada normalidad.

Los invito a que sigamos construyendo juntos una nueva normalidad basada en la cooperación, en la solidaridad y en la justicia social. Ese el camino que estamos proponiendo desde la Alianza Cooperativa Internacional y para el cual es fundamental el aporte de todos ustedes.