Mensaje en la apertura del 12° Comité Técnico de la Conferencia Ministerial Cooperativa, realizado del 9 al 11 de junio en Maputo, Mozambique:

«Para mí personalmente, y para la Alianza Cooperativa Internacional, el fortalecimiento de las cooperativas africanas es una prioridad estratégica.

Lo ha sido en los últimos años y seguirá siéndolo en el futuro.

Contamos con el compromiso, la experiencia y la convicción de cada uno de ustedes para continuar trabajando juntos en este camino.

Sabemos que el crecimiento del movimiento cooperativo africano no es solo una cuestión regional: es una contribución decisiva para el fortalecimiento de las cooperativas a nivel mundial.

Porque África no es solo una región más dentro de nuestra organización global. Es un continente de gran importancia para el presente y, sobre todo, para el futuro de las cooperativas.

Aquí encontramos ejemplos de enorme resiliencia, capaces de sostener comunidades en contextos complejos y cambiantes. He tenido la oportunidad de conocer personalmente varias de estas experiencias en diferentes ocasiones.

Hablamos de cooperativas que generan prosperidad desde sus propios territorios, que promueven oportunidades económicas donde otros modelos no llegan y que demuestran a diario que la democracia económica puede ser una herramienta concreta para el desarrollo.

Señoras y señores, pueden estar seguros de que la economía cooperativa africana posee una fuerza extraordinaria, arraigada en las comunidades, conectada con las necesidades reales de las personas y proyectada hacia el futuro con una energía que inspira al resto del mundo.

Sin embargo, debemos ser conscientes de que estamos atravesando un período de profundas transformaciones. El panorama global está cambiando drásticamente. La pandemia aceleró procesos que ya estaban en marcha, y la revolución tecnológica avanza a una velocidad que a menudo parece superarnos. Ante este escenario, debemos actuar con inteligencia. Pero no con cualquier tipo de inteligencia. Debemos priorizar la inteligencia cooperativa.

Es decir, anteponiendo siempre nuestra doctrina, nuestros valores y nuestros principios. La innovación es inútil si no está guiada por un marco de solidaridad e inclusión que la oriente hacia el bien común.

No basta con incorporar tecnologías; debemos preguntarnos quién las diseña, con qué objetivos y a quién sirven.

La inteligencia colectiva y basada en la solidaridad fue, es y seguirá siendo superior a cualquier tipo de inteligencia artificial concentrada en manos de un puñado de corporaciones.

Por eso debemos comprometernos con la creación, gestión y distribución de nuestras propias tecnologías, desarrolladas desde dentro de nuestras organizaciones y puestas al servicio de las personas y las comunidades.

Contamos con la capacidad instalada para generar infraestructura y software que nos permitan gestionar grandes volúmenes de datos de forma democrática y transparente.

Como afirmó recientemente el Papa León XIV, las tecnologías no son neutrales: dependen de quienes las crean y terminan sirviendo a quienes las crean. Si queremos humanizar la innovación tecnológica, si queremos que contribuya al bienestar colectivo y no a nuevas formas de concentración y desigualdad, no hay mejor camino que hacerlo desde esta doctrina de cooperación forjada hace más de doscientos años y validada por su trayectoria en todos los continentes.

Por otro lado, observamos cómo el paradigma globalizador surgido tras la caída del Muro de Berlín muestra claros signos de agotamiento.

Las tensiones geopolíticas, los conflictos internacionales y los episodios de violencia que, lamentablemente, persisten en diversas partes del mundo nos obligan a replantearnos muchas de nuestras estrategias.

Hoy, es fundamental revalorizar las cadenas cortas de producción y consumo, fortalecer las economías locales y construir puentes sólidos entre países vecinos.

Debemos reconocer el valor de los niveles local, nacional y regional como escalas fundamentales para la construcción del desarrollo sostenible.

En este sentido, cada organización cooperativa desempeña un papel central en este desafío, ya que su fortaleza radica precisamente en su conexión con el territorio y su capacidad para articular intereses colectivos en pro del bien común.

Porque esta es una tarea global, pero que solo puede desarrollarse plenamente si se basa en la cultura, la historia, las tradiciones —a menudo ancestrales—, la geografía y la estructura productiva de cada territorio.

Por eso creo firmemente en el futuro de las cooperativas africanas. Un futuro que no es más que el presente proyectado en las contribuciones que surgen de esta reunión.

Un futuro que reside en la capacidad de sus organizaciones para seguir generando trabajo decente, inclusión y esperanza en cada una de sus comunidades. Un futuro que se sustenta en las alianzas estratégicas que construyen con los gobiernos y otros actores económicos y sociales en sus países y a escala continental.

Desde la Alianza Cooperativa Internacional, seguiremos acompañándolos y apoyándolos en este proceso.

En unas horas, comenzará una nueva Copa del Mundo. Y si me permiten la metáfora, hoy tienen la pelota. Estaremos allí acompañándolos, animándolos y trabajando junto a ustedes.

Queridos amigos, juguemos juntos para seguir construyendo un continente más justo, sostenible y próspero. Y, desde África al mundo, sigamos construyendo un mundo más cooperativo y pacífico.»