Mensaje a delegados y delegadas presentes en la asamblea de la organización regional Asia & Pacífico de la Alianza Cooperativa Internacional:

«Es un honor dirigirme a ustedes en esta instancia, que representa el momento más importante en el ejercicio institucional de nuestras organizaciones.

Un momento en el que reafirmamos nuestro rumbo común, fortalecemos nuestra identidad y renovamos nuestro compromiso con el movimiento cooperativo más allá de nuestras propias fronteras.

Para mí es un motivo de profunda satisfacción poder acompañarlos en esta jornada y también haber sido parte del Foro Cooperativo Regional realizado ayer, donde se generaron debates de enorme trascendencia para el futuro de nuestro movimiento.

Permítanme expresar también mi reconocimiento sincero a las mujeres y hombres que hoy culminan su mandato en el Board de esta Región.

Su liderazgo, su dedicación y su visión han fortalecido la posición del cooperativismo en Asia y el Pacífico y han aportado una perspectiva fundamental al trabajo global de la Alianza Cooperativa Internacional.

Del mismo modo, permítanme adelantar un fraternal saludo a quienes serán electos esta tarde. Les deseo el mayor de los éxitos en la tarea que asumirán. No tengo dudas de que continuarán esta senda, aportando ideas nuevas, energía renovada y una visión estratégica que permita a la Región seguir creciendo, integrándose con otras regiones, fortaleciendo su gobernanza y consolidando su enorme peso dentro del movimiento cooperativo mundial.

Creo sinceramente que los debates del Foro Regional dejaron claro que Asia y el Pacífico vive un momento decisivo.

La región concentra una diversidad de realidades que impresiona: desde economías tecnológicamente avanzadas hasta contextos rurales donde el cooperativismo es la principal herramienta para garantizar ingresos, inclusión y resiliencia comunitaria; desde sociedades urbanas dinámicas y globalizadas hasta territorios que enfrentan los efectos más duros de la crisis climática.

Esta diversidad es un desafío, pero sobre todo es una fortaleza extraordinaria. Y es una fortaleza que necesitamos poner en valor dentro del movimiento global. Porque esta región no es solo parte del cooperativismo mundial: es uno de sus motores principales.

Aquí se encuentran algunas de las experiencias cooperativas más potentes, innovadoras y masivas del planeta. Aquí, el cooperativismo tiene raíces profundas en la vida económica, social y cultural de los pueblos. Y aquí, también, están surgiendo soluciones novedosas que pueden inspirar al conjunto de nuestro movimiento.

Por eso, la voz de Asia y el Pacífico no es solo necesaria. Es indispensable para la construcción de nuestra agenda global.

Y, al mismo tiempo, la cooperación entre nuestras regiones y entre estas y los sectores que conforman la Alianza Cooperativa Internacional es hoy una condición imprescindible para enfrentar desafíos que ya no reconocen fronteras: el cambio climático, la desigualdad, la inseguridad alimentaria, las transformaciones generadas por la tecnología, la pérdida de confianza en las instituciones y la amenaza a la paz.

Ninguno de estos problemas puede resolverse desde un país o un sector en soledad. Necesitamos actuar juntos, desde lo local hacia regional y desde lo regional a lo global, con una estrategia compartida y con un sentido profundo de cooperación interregional.

En esta línea, quiero detenerme en la relevancia de nuestro Plan Estratégico 2026–2030, titulado “Practicar, Promover y Proteger”, que hemos construido colectivamente y que expresa el liderazgo global de la ACI en un contexto mundial de urgencia y oportunidad.

Este plan es más que un documento: es una brújula. Y es, sobre todo, una invitación. Una invitación a poner en práctica nuestros valores en cada decisión que tomamos; a promover el modelo cooperativo como una fuerza para el bien común; y a proteger nuestra identidad, que es nuestro mayor activo político, cultural y económico desde hace dos siglos.

Este plan, que está pensado para que cada región pueda adaptarlo a su contexto, se apoya en cinco grandes objetivos estratégicos que creo que, de hecho, dialogan directamente con las prioridades de esta región.

El primero es fortalecer el liderazgo, la educación y la inclusión. Asia–Pacífico tiene una enorme oportunidad para nutrir a la próxima generación de líderes cooperativos, especialmente jóvenes y mujeres, que ya están protagonizando procesos transformadores en toda la región.

El segundo es ampliar el reconocimiento del modelo cooperativo y aumentar la membresía. Ustedes tienen cooperativas que lideran sectores estratégicos como la energía, la agricultura, la vivienda, la salud y las finanzas, entre otros sectores que serán determinantes para garantizar un desarrollo sostenible.

El tercero es avanzar en marcos normativos que reconozcan y potencien a las cooperativas. Sabemos que en muchas partes de la región se están revisando leyes de desarrollo económico, políticas climáticas y estrategias de digitalización. Este es el momento para que el cooperativismo tenga un rol más visible en esos procesos.

El cuarto objetivo es fortalecer las redes cooperativas a todos los niveles. Lo dijimos muchas veces: no podemos ser solidarios en solitario. Cuando nos acompañamos entre cooperativas, cuando hacemos compras conjuntas, cuando compartimos conocimiento o cuando generamos cadenas de valor cooperativas, multiplicamos nuestro impacto, reducimos costos y mejoramos nuestras condiciones de competencia.

Y el quinto objetivo es impulsar la innovación, la tecnología y la sostenibilidad. Asia–Pacífico es hoy una referencia mundial en transformación digital y en capacidad de adaptación tecnológica. Incorporar ese liderazgo al movimiento cooperativo global será clave para construir herramientas digitales propias, modelos de inteligencia artificial basados en principios éticos y soluciones innovadoras para enfrentar el cambio climático.

Finalmente, quisiera referirme a otra novedad, que hemos presentado hace algunas semanas en Doha, como parte de nuestra participación en la Segunda Cumbre Social Mundial de Naciones Unidas.

Se trata del Contrato por una Nueva Economía Global, que la ACI presentó junto al CM50, un grupo de líderes de cincuenta cooperativas y mutuales líderes de todos los continentes.

Este contrato es un llamado a los gobiernos, a las instituciones multilaterales y a la sociedad civil para reconocer que el cooperativismo no es complementario, no es marginal, no es un actor más.

Es una respuesta probada para enfrentar los desafíos globales. Es un modelo que ya demostró que se puede crecer sin dejar a nadie atrás, que se puede generar prosperidad sin renunciar a la democracia, que se puede innovar sin destruir los tejidos sociales y que se puede avanzar tecnológicamente sin perder la orientación ética.

Ese es el corazón del contrato: decirle al mundo que otra economía es posible y que esa economía ya existe y está organizada sobre principios de democracia, solidaridad y sostenibilidad.

El Año Internacional de las Cooperativas nos ha ofrecido una oportunidad única para ampliar esta conversación e influir en la agenda pública global.

Por eso, si seguimos actuando juntos, podremos lograr que las cooperativas sean reconocidas no solo como actores económicos relevantes, sino como piezas fundamentales para garantizar la estabilidad social, el cuidado del ambiente, el trabajo decente, la equidad de género y la paz, entre otros objetivos.

Queridas colegas, estoy seguro de que todas estas reflexiones que hemos estado compartiendo desde ayer servirán para renovar el optimismo y la convicción de que tenemos un modelo de vanguardia para enfrentar y superar los desafíos de la hora.

Pero sabemos también que eso solo será posible si profundizamos nuestra integración, si multiplicamos la intercooperación en el plano institucional, económico, cultural, educativo y social.

Me llevo de aquí la satisfacción de ver esa intercooperación en marcha, en una región tan diversa como pujante, tan atractiva como desafiante, tan innovadora como embajadora de nuestros principios y valores históricos y universales.

Gracias una vez más por hacerme parte de esta conversación, gracias una vez más por abrir los brazos al movimiento cooperativo mundial para construir juntos el futuro que todos queremos y que todos nos merecemos.»